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Ni Reyes ni Trincheras: solo Pan y Futuro.
 

El Levante tiene miles de años, no mil. Israel, Palestina, Líbano, Siria, Jordania. Bilad al-Sham. Esta tierra no atesora mil años de historia: atesora cinco mil. Aquí nacieron alfabetos, religiones y comercio. Era un hervidero de diversidad que funcionaba. El problema surge cuando cada barrio, cada grupo, se empeña en excavar para hallar a «su» rey de hace tres mil años y justificar así una frontera nueva en el presente.
Buscar la entidad exacta donde nació un país es olvidar el presente. Y olvidar el presente es quedarse sin trabajo, sin pan y sin porvenir. Es un instante congelado que jamás avanza.
Cuando el plato está vacío, la historia no alimenta.
Mientras discutimos quién mandaba en Canaán, Jerusalén o Damasco hace milenios, la gente no puede comprar comida.
Los datos son contundentes:
Precio de los alimentos en el Levante, 2025-2026:
Israel
Inflación general del 1,9% en abril de 2026, pero el IPC subió un 1,2% solo en marzo debido a la guerra con Irán.
Líbano
Precios de alimentos básicos un 5% más altos entre febrero y marzo de 2026. Un millón de desplazados, el 20% de la población.
Gaza
Los huevos llegaron a 600 shekels la caja antes del alto el fuego. Ahora cotizan entre 23 y 25 shekels, pero siguen siendo entre un 64% y un 79% más caros que en septiembre de 2023.
Siria
La cesta básica subió un 6% en agosto de 2025 hasta los dos millones de libras sirias. Aumentan los tubérculos, las verduras, los huevos y el aceite.

El Banco Mundial prevé para 2026 un incremento del 2% en los precios de los alimentos por los conflictos, y del 31% en los fertilizantes.
Una de cada seis personas en Oriente Próximo ya ignoraba de dónde sacaría su siguiente comida antes de la última escalada. Dividir y subdividir culturas no llena el frigorífico.
La fuerza es la variedad, no la pureza.
La experiencia me dicta que los países fuertes son los diversos. Estados Unidos no funciona porque todos desciendan del Mayflower. Funciona porque cincuenta estados y cientos de orígenes aceptan que lo único que los une es la tierra. La pertenencia a un lugar. El suelo no se mueve.
Europa hizo lo mismo después de destrozarse dos veces. Comenzó con una unión comercial: carbón y acero. Ahora camina hacia la unión política y, cuando esta sea plena, llegarán la militar y la geográfica. Son veintisiete identidades distintas aglutinadas en torno a una idea, sin dejar de ser catalán, francés o griego.
Milenios dividiendo lo que era uno.
El Levante ha hecho justo lo contrario durante miles de años: dividir sus propias culturas hasta reducirlas a centenares de fragmentos de un mismo origen. Desde la época de los imperios antiguos hasta hoy. Cada división ha traído una guerra. Por ego, por ser «yo el primero», por una economía mal entendida. Y cada fragmento es más débil.
La propuesta: Estados Unidos del Mediterráneo.
 Hay que dejar de buscar la libertad a base de trincheras. La libertad real consiste en entendernos y unificarnos. La fortaleza es la suma.
Estados Unidos del Mediterráneo: puntos básicos
La tierra es la base. No el rey de hace tres mil años. Las fronteras actuales son el punto de partida administrativo, no identitario.
Lo primero, un mercado común. Si no controlas el precio del pan, el aceite y los fertilizantes, no controlas nada. Energía, agua, puertos: desde Haifa hasta Beirut y Latakia.
Fronteras internas abiertas. Algo imprescindible para el bienestar de la población. Que un ingeniero de Tel Aviv pueda trabajar en Amán y un campesino de la Bekaa venda en Damasco sin peajes.
Una sola voz exterior. Divididos, os bloquean el estrecho de Ormuz y os encarecen la comida un 11%. Unidos, negociáis.
Israel debe estar desde el minuto uno. Al igual que Palestina, Líbano, Siria y Jordania. Sin olvidar la tierra, porque es real. Pero a partir de ella, construir para ser mejores. No para conquistar ni para limitar. Solo para crecer y salir adelante.
Al-Sham fue origen para toda la humanidad. Podría ser futuro. Pero solo si deja de mirar tumbas de reyes y empieza a mirar el precio del tomate. La tierra está ahí. La gente está ahí. Solo falta el techo.

Joan Babeli
Junio 2026